En exterior

A mi hija…

Macarena y Paulina

A mi hija…
Un dia la baje, y ya no la volví a cargar…

La cargué cuando se había lastimado. La cargué cuando estaba emocionada. La cargué cuando estaba cansada. La cargué cuando aún era demasiado pequeña para ver lo que yo podía ver.

Y de pronto un día la bajé y ya no la volví a cargar.

Un día, sin darme cuenta… ella se hizo grande. Demasiado grande para caber en mis brazos. Demasiado grande para colgarse de mis piernas. Demasiado grande para descansar en mi pecho.

Un día la bajé y ya no la volví a cargar.

Un día, sin darme cuenta ella se hizo fuerte. Lo suficientemente fuerte para seguir adelante aunque estuviera cansada; lo suficientemente fuerte para calmar su propio dolor. Lo suficientemente fuerte para enfrentar sus más profundos miedos.

Un día la bajé y ya no la volví a cargar.

Un día sin darme cuenta, ella ya podía ver lo que yo podía ver y más: ella podía ver la belleza del mundo, ella podía ver a aquellos que la sociedad ignora, ello podía ver soluciones donde otros veían problemas.

Un día la bajé y ya no la volví a cargar, sin saber que ese día sería el último.

Más sin embargo, aunque físicamente ya no la cargue siempre estaré ahí para aplacar sus miedos, para ser escuchada cuando lo necesite, para recibir un aplauso por sus logros, para recibir consejo en tiempos de dudas o simplemente para abrazar sin necesidad de palabra alguna.

Pero ya nunca descansará en el borde de mi cadera o se quedará dormida con sus pequeñas piernitas colgando de mí. Ya nunca necesitará mi ayuda para ver por encima de la gente. Ya nunca será pequeña para caber entre mis brazos. Ya nunca levantará sus brazos para que yo la cargue.

UN DIA BAJÉ A MI HIJA Y YA NUNCA LA VOLVI A CARGAR…

A disfrutar que el tiempo vuela…

Paulina
Olivia
Sofía
Daniela

LOS HIJOS NO SE VAN… LA VIDA SE LOS LLEVA…

Los hijos se van; hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir esa realidad.
No es que se van; es que la vida se los lleva. Ya no eres su centro.
Ya no eres la autoridad.
No diriges, aceptas.
No mandas, acompañas.
No proyectas, respetas.
Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas.
Ya les crecieron alas y quieren volar.
Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro.
Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir.
Quieren crecer…
Tienen su camino y quieren explorarlo, tienen alas , quieren abrirlas y comenzar a volar…

Tú quedas adentro.
En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón.
Tú quedas atrás.
En la estela luminosa que deja el barco al partir.
En el beso que le mandas.
En el pañuelo que los despide.
En la oración que los sigue.
¡En la lágrima que los acompaña!
Tú quedas siempre en su interior, aunque cambies de lugar.

Haz la vida de tus hijos tan feliz, que cuando partan, piensen en regresar, aunque solo sea para tomar tu mano y estar sólo un instante junto a ti …